EPM avanza en la construcción del último diámetro de la subestación Nueva Esperanza y reporta 60 % de ejecución


Empresas Públicas de Medellín (EPM) avanza en la construcción del último de los cuatro diámetros de la subestación de energía Nueva Esperanza, ubicada en el municipio de Soacha, Cundinamarca. Con esta obra, la infraestructura alcanzará su máximo potencial para brindar energía segura y confiable al centro-oriente del país, consolidando la expansión en 500 kilovoltios (kV) proyectada para esta instalación.

El nuevo diámetro de la subestación, adjudicado por la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), entrará en operación durante el segundo semestre de 2026. Actualmente, las obras presentan un avance del 60 %.

“Este desarrollo incrementará la confiabilidad del sistema y ampliará la capacidad instalada, al operar como infraestructura de respaldo para atender la demanda actual y futura de energía”, destacó Jorge Cerezo Restrepo, gerente de Distribución de Energía de EPM.

La subestación de energía Nueva Esperanza fue construida principalmente por EPM a partir de una convocatoria previa de la UPME y opera desde 2017, junto con líneas de transmisión asociadas de 230 kV y 500 kV. Esta infraestructura ya aporta energía al Sistema de Transmisión Nacional.

Con la construcción de este nuevo diámetro se permitirá la conexión de un banco adicional de autotransformadores que fortalecerá el Sistema de Transmisión Regional, aumentando la capacidad y confiabilidad del servicio eléctrico.

Esta ampliación hace parte del Plan de Expansión de Referencia Generación–Transmisión 2020-2034 del Ministerio de Minas y Energía, la hoja de ruta nacional para robustecer la infraestructura eléctrica del país. Con este proyecto, EPM contribuye al fortalecimiento del Sistema de Transmisión Nacional y a mejorar la confiabilidad energética en una región estratégica para el crecimiento económico.

Protección del patrimonio arqueológico

Debido a que la subestación Nueva Esperanza está ubicada en una zona de alto interés arqueológico, el proyecto implementa un riguroso plan de manejo arqueológico que acompaña el desarrollo de las obras.

Actualmente se adelanta la fase de rescate arqueológico, que consiste en la división del terreno y la excavación sistemática cada 10 centímetros, hasta alcanzar una profundidad aproximada de 1,20 metros. Todo el material encontrado es recuperado, lavado y posteriormente clasificado en laboratorio según su periodo histórico y uso. Además, se realizan análisis de vestigios de flora y otros elementos biológicos.

Una vez finalice el proceso de rescate, se presentará un informe técnico al Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) con los hallazgos y evidencias recopiladas. Posteriormente, los resultados serán socializados con actores del territorio, especialmente en el área de influencia del proyecto.

En la fase final, denominada de “tenencia”, se definirá qué entidad será responsable de custodiar el material recuperado, decisión que deberá ser avalada por el ICANH y garantizar condiciones adecuadas de conservación.

Las excavaciones finalizarán en las próximas semanas y una parte importante del área ya fue liberada para continuar con la fase constructiva. Hasta el momento se han rescatado aproximadamente 800.000 fragmentos cerámicos —utensilios elaborados en arcilla— y cerca de un millón de piezas líticas, correspondientes a las culturas Herrera y Muisca.

Con estos avances, el proyecto reafirma su compromiso con un desarrollo energético responsable, que integra altos estándares técnicos con la protección del patrimonio cultural del país. Mientras las obras avanzan, el plan de manejo arqueológico garantiza que cada etapa respete y valore la historia ancestral del territorio.

De esta manera, EPM continúa impulsando infraestructura esencial para la confiabilidad del sistema eléctrico, al tiempo que salvaguarda los vestigios que narran el pasado de las comunidades que habitaron esta región.